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La Reencarnación de los Lienzos

Por: Oscar Jara

 

             El origen de este artista de la mitad del mundo (Pomasqui 1968) se extravía en la universidad de su nombre artístico. René Sánchez es la materia original de Kishor que en sánscrito significa Edad Media. Pero no es un cambio de naturaleza, es una transformación, un renacer a todas las posibilidades, entre ellas las artísticas.

 KISHOR es reencarnación y en esta vida, que le ha tocado ahora en Madrid, se entrena para que en las próximas no se le olvide caminar. Su arte se nutre de esa experiencia. Primero trabajó de manera en su pueblo de artesanos, cercano a una cantera. Y antes de ser pintor fue marchante de arte. Cuando la lava de arte comenzó a dotarle de alas, compró el cuadro de un pintor amigo y sobre el experimentó. La transformación fue rica y descrubrió que esto del arte es una unidad, y que una obra una vez cumplida su finalidad estética puede reencarnarse. El descubrimiento no es pequeño. Manifiesta la unidad básica del arte de todos los tiempos, que conecta el arte conceptual con as cuevas de Altamira pero sabiendo en cada momento los procesos de trasformación, y las reglas de juego que los artistas han empleado para renovar las expresiones creativas humanas. Pero además este descubrimiento avanza hacia un arte dinámico en que todas las obras sufren trasformaciones permanentes , unas involuntarias, por el solo paso del tiempo; otras por voluntad propia del artista que ese atreve a profanar lo que creía concluido, y otras veces se transforman cuando se hace una apropiación de unos artistas a otros para dotar a las obras de un nuevo punto de vista, con lo que el mensaje original da un giro que unas veces suman y otras se dividen, pero crean una nueva expectativa.

El proceso de creación que emplea Kishor está contaminado de esta evolución, su trabajo es continuo por lo que sus trabajos están siempre por completar. Se resiste a firmar sus obras y muchas de ellas finalmente tienen un destino distinto para el que fueron trabajosamente diseñadas. La inconformidad se establece como método, y un cuadro nunca se completa porque está en constante transformación.

 

El material y el tema

 

            Sus primeros cuadros son andinos en su temática y en sus colores. La figura de los hombres y mujeres de su tierra se van atenuando conforme el artista se va integrando en el día a día en su vida en Madrid. Ha cambiado a un uso mas diverso de materiales: carboncillo, tinta china, veladuras, va ganando o espacio la mancha, la imagen se va difuminando, centrando sus esfuerzos en el moviendo, en las líneas, para hacer más expresivos el espacio de sus cuadros. Trabajo prolíficamente y recurre a la investigación con materiales nuevos, como él mismo lo dice: “hasta que el material abrace al tema”.

             Este uso de material es consecuente con su visión de arte continuo. Por eso le sirven igual los materiales tradicionales para la pintura, pero también ensaya con grandes rollos de papel fotográfico encontrado en contenedores y toda la materia existente es potencialmente artística, si el artista es los suficientemente apto para dotarle de expresividad, ajena a la utilidad, y ligar al campo puramente estético.

             El arte en evolución tiene la ventaja de la frescura. Kishor aborda los más variados temas. Se refleja una actividad frenética, aunque los temas encuentran su tiempo para expresarse. Lo onírico encuentra sus momentos en los carboncillos, acuarelas y pasteles que asoman su rostro más sugerente en las noches, por lo que el pintor a terminado en llamar a esta obra “pintura de cama”.

Pero en el día su luz es distinta en el brazo tatuado del artista, su pelo largo y su rostro americano son abordados por temas que tienen que ver con el hombre enfrentado a su interior, y pinta el rostro del mundo que hace sonambulismo en el universo del ser humano de ahora. Como él mismo lo afirma “no paro de pintar hasta que el cuadro viva con sus contenidos, y me haya exprimido”, pero este dar todo solo dura hasta recobrar el aliento para volver a empezar.

Su producción pictórica del 2004 apunta grandes formatos, el reto es encontrar espacios que sugieran que tengan equilibrio en lo que se ve y lo que se comunica, no como imagen, son como sensación, que es el nivel de equilibrio donde reside el arte.

Los collages, su línea de dibujo, y sus colores buscan un destino momentáneo. Su arte es errante por convicción, por eso tampoco el zodiaco es ajeno al tema de las obras de Kishor, porque los astros son material aleatorio, y todo su arte depende de un momento, de una alineación, de unas influencias, que varían y que perpetúan en infinidad de combinaciones que se plasman en la velocidad de la mancha, encuentran un destino momentáneo y se reencarnan a los ojos del espectador.

 

 Madrid 10 de Febrero del 2004

 

... " El hombre está lleno de impresiones y requiere vaciarse a través de una práctica rigurosa y un escentismo personal... el mío es la pintura."  | René Sánchez KISHOR